La Era de los Chicos Malos (Univision)

La Era de los Chicos Malos (Univision)

El anti-héroe, el disruptivo quieren pasar o están pasando de la cultura popular a los palacios de gobierno. Eso plantea en mi más reciente artículo en Univision Noticias. ¿Qué produce esta atracción fatal por el “tremendo” desde las aulas de bachillerato hasta las urnas electorales? ¿Por qué los mileniales tienen esa fascinación por el socialismo? ¿En qué se parecen líderes populistas como Donald Trump y Hugo Chávez?

La semana pasada en un parque de Orlando observé algo que me dejó pensando. Durante una escenificación de Star Wars donde ganaron los “buenos”, se le pidió al público que votara vía SMS junto a qué bando preferiría pelear (que es una forma de decir de qué lado estaban). El resultado dio una ventaja ¡al Imperio! de 52% contra 48%.

Al menos dos tercios de ese público llevan la etiqueta demográfica de “millennials” o simplemente “mileniales”. ¿Debe extrañarnos que prefieran al Imperio de Darth Vader sobre la sana paz de Luke Skywalker?

El indiscreto encanto de la picardía

Hay algo en la gente bribona (o abiertamente mala) que atrae a muchos, un je-ne-sais-quois más común de lo que imaginamos. Llaman la atención, mueven los juguitos internos de la gente. Los traviesos, los disruptivos, incluso los déspotas son muy populares, buscados y glorificados. A veces más que los héroes.

Siguiendo con el mundo fantástico de los superhéroes, abundan los ejemplos: Lex Luthor tiene el coco rapado pero gana muchas preferencias secretas. En cambio Supermán todavía no logra cuadrar con Luisa Lane. En la franquicia del murciélago enmascarado, Gatúbela es decenas de veces más popular que ¿cómo se llama? ¡Ah, Batichica!

En Latinoamérica no es diferente: Machete es un héroe con el que no querrás tener un desacuerdo y el Zorro tiene lo suyo de revoltoso y malandrín, al igual que Hans Solo o Deadpool al norte del Río Grande.

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Sobre la Filtración de los Papeles del Paraíso (Datos)

Sobre la Filtración de los Papeles del Paraíso (Datos)

Statista nos muestra cuán profunda y amplia fue la filtración de 1.4 Terabytes de datos financieros de los llamados “Documentos del Paraíso” de Niall McCarthy:

Las actividades impositivas de figuras prominentes en el mundo de los negocios, la política, el entretenimiento y el deporte se han revelado en una filtración masiva llamada “Paradise Papers” (Papeles del Paraíso). Con 1.4 terabytes de tamaño, el tesoro contiene 13.4 millones de archivos y fue hecho público por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. La fuga se centra en un bufete de abogados llamado Appleby que tiene oficinas en Bermuda, las Islas Caimán, las Islas Vírgenes Británicas, la Isla de Man y las Islas del Canal.

La lista de los expuestos incluye el patrimonio privado de la reina Isabel de Inglaterra, un asistente del primer ministro canadiense Justin Trudeau y la estrella de rock irlandesa Bono, por nombrar solo algunos. La filtración ha ilustrado cómo el sistema financiero extraterritorial está estrechamente conectado con la política global, gigantes corporativos e individuos notables que poseen vastos niveles de riqueza privada. “The Paradise Papers” viene inmediatamente después de otras fugas de datos notables. El más famoso sigue siendo el Panama Papers (Los Papeles de Panama) del año pasado, que fue absolutamente masivo en comparación con 11,5 millones de documentos y un tamaño de datos de 2,6 terabytes.

Para poner esto en perspectiva: eso es 1.500 veces más datos que el vertedero de cables diplomáticos de EEUU de Wikileaks en 2010. Los documentos Paradise Papers son la segunda filtración de datos más grande hasta la fecha a 1,4 terabytes. La compañía en el centro de la tormenta, Appleby, ha negado haber cometido un delito por sí misma o por cualquiera de sus clientes. El cuadro, en inglés:

Statista / NK


Ilustración inicial: composición de Neorika.

How Big was the Paradise Papers Leak? (Data)

How Big was the Paradise Papers Leak? (Data)

Statista shows us how profound and wide was the leakage of 1.4 Terabytes of financial data from the so-called “Paradise Papers” by Niall McCarthy:

The tax activities of prominent figures in the world of business, politics, entertainment and sport have been revealed in a massive leak called the Paradise Papers. 1.4 terabytes in size, the trove contains 13.4 million files and it was made public by the International Consortium of Investigative Journalists. The leak focuses on a law firm called Appleby which has offices in Bermuda, the Cayman Islands, the British Virgin Islands, the Isle of Man and the Channel Islands. The list of those exposed includes the Queen’s private estate, an aide of Canadian Prime Minister Justin Trudeau and Irish rock star Bono, to name just a few. The leak has illustrated how the offshore financial system is tightly connected to global politics, corporate giants and notable individuals holding vast levels of private wealth.

The Paradise Papers comes hot on the heels of other notable data leaks. The most famous is still last year’s Panama Papers which was absolutely massive by comparison with 11.5 million documents and a 2.6 terabyte data size. Just to put that into perspective: that’s 1,500 times more data than Wikileaks’ dump of U.S. diplomatic cables in 2010. The Paradise Papers are the second-largest data leak to date at 1.4 terabytes. The company at the centre of the storm, Appleby, has denied any wrongdoing by itself and any of its clients.

Statista / NK


Initial illustration: Composition by Neorika.

Sobre la “Ley Contra el Odio” en Venezuela

Sobre la “Ley Contra el Odio” en Venezuela

El 10 de noviembre estuve en EVTV de Miami, en el programa “Dígalo Aquí” conducido por José Pernalete y Rayne Anciani. El tema: una “Ley Contra el Odio” aprobada por la internacionalmente rechazada Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela, que pretende regular mensajes que instiguen la violencia y la conflictividad en redes sociales y otros medios. En foto, según un tuit: “Presidenta de @ANC_ve Delcy Rodriguez entrega Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia a Fiscal General @TarekWiliamSaab y presidente del TSJ @MaikelMorenoTSJ“.

Parte 1:

Parte 2:


 

A 28 Años de la Caída del Muro de Berlín

A 28 Años de la Caída del Muro de Berlín

¿De la edad de la razón a la era de la incertidumbre? ¿Del nuevo orden mundial al nuevo caos globalizado? ¿Del fin de la historia al comienzo de la historia que no imaginábamos? Esperábamos mucho en el avance de la democracia, pero la realidad se impuso de manera diferente y sorprendente en algunos casos?

Fernando Nunez-Noda

Los últimos 30 años podrían calificarse como la “Época de la Incertidumbre”. Nunca el ser humano había tenido tantos conocimientos e instrumentos, pero tampoco una cantidad tan vasta de preguntas sin respuestas

Tras la caída del muro de Berlín, hace hoy 28 años, se pensó que “un nuevo orden mundial” inauguraría el nuevo milenio. Destacó en particular la obra de 1992 El fin de la historia de Francis Fukuyama, según la cual el mundo libre regiría, la democracia sembraría unidad política, sin guerras (o con conflictos muy controlables), fundada en un ciberespacio de liberadora tecnología, todo bajo la mirada atenta de una gran superpotencia: Estados Unidos y su “socia”, la Unión Europea.

No se puede evitar pensar en la era de la razón, a finales del siglo XVIII, cuando los intelectuales franceses soñaron el futuro construido por la razón pura, el intelecto, exilando los bajos instintos que caracterizan a la humanidad, relegando las fuerzas emotivas que han hecho del mundo lo que ha sido. No tuvieron “razón” quienes soñaron ese desenlace, aunque ciertamente la ciencia laica, la separación del Estado y la religión, así como las democracias lograron avances increíbles en el bienestar colectivo.

Luego de la reunificación alemana, muchos vislumbraban la utopía del fin de la historia. Habría bloques, por supuesto, pero el libre mercado sobrepasaría el proteccionismo. La ONU, entonces, asumiría una especie de paraguas mundial, una confederación de países al estilo de Isaac Asimov…

Uff, George Bush padre, cómo te equivocaste (y luego el hijo también, pero en otras cosas) al anunciar ese “nuevo orden”. Unos pocos años hicieron polvo tales “megatendencias” al punto de que, incluso, los expertos han optado por fragmentar la “historia” en microtendencias a plazos más cortos.

La historia quiso continuar

El fin de la Guerra Fría sólo dio paso a un desorden que puso en jaque a todos los organismos multilaterales: la ONU, la OTAN y ni qué decir de la entonces joven Organización Mundial de Comercio. La democracia se impuso en lugares impensables, como Europa Oriental, pero igual ha hecho poca diferencia en los países pobres, que son la mayoría. Y ha experimentado retrocesos o reacomodos nada auspiciosos, como el de Putin en Rusia y el de América Latina, que tuvo un repunte estelar en la década de los años 80, pero sucumbió a la izquierda de inspiración peronista o castrista, que desarrolló un modelo autoritario que fue minando la democracia hasta llevarla a niveles mínimos y casi cosméticos como la de Venezuela.

Tampoco prosperó la auspiciosa “primavera árabe”, condenando a Argelia, Egipto, Libia y otros países a más años de Edad Media política.

El libre comercio es torpedeado por pobres y ricos y nadie anticipó entonces la irrupción de China (donde por cierto tampoco han prosperado los esfuerzos de democratización desde Hong Kong). La globalización se ha cumplido por las fuerzas menos esperadas: en vez del comercio marítimo, ha sido Internet (a mi juicio el mayor invento de finales del siglo XX y acaso de todo el siglo) la plataforma que ha replanteado la mayoría de las cosas.

Pero nada detuvo el genocidio en Bosnia, luego vino Irak 1, el eterno conflicto en el Medio Oriente, Etiopía, Chechenia, Ruanda, Yemen, Irak 2, Palestina, Ucrania, Libia, Siria, Norcorea…

En vez de paz, para 2016 había (según el Índice de Guerras en Progreso de la Universidad de Uppsala) 130 conflictos armados en el mundo, desde escaramuzas entre grupos relativamente pequeños (los “warlords” en África) o guerras a gran escala como en Siria. Con Europa unificada, China, India, la Rusia “neozarista”, el radicalismo islámico y el resurgimiento de algunos movimientos jurásicos revolucionarios, el mundo vive una multipolaridad más caótica que coherente.

Los años 90 y el principio de siglo agregaron más caos: el cambio climático, el 11S, los atentados en Europa y EEUU, Irak 2, la gripe aviar, la crisis de refugiados del Medio Oriente, la irrupción de Norcorea como miembro no esperado del club nuclear. El terrorismo (incluido el ciberterrorismo) se ha diversificado desde el 11A de 2001, ahora incluye -además del arsenal tradicional-, desde califatos hasta atropellamientos y otras formas más descentralizadas de causar terror. Según cifras de los monitores de ciberataques, actualmente ocurre uno en el mundo cada 30 segundos.

El balance del siglo 20 y lo que va del 21, sin duda, será materia de discusión por décadas. Los siglos más científicos y tecnológicos hasta el momento, pero también devastadores: por ejemplo, mientras World Watch estima que no más de 4 millones de personas perecieron por desastres naturales en el siglo 20, la cantidad de seres humanos muertos por guerras, genocidios, tiranías y hambrunas producidas asciende a 188 millones.

A pesar de tener una democracia rocosa, pocos anticipaban en 1988 (cuando se inauguraron las elecciones de gobernadores y alcaldes) que -28 años después- Venezuela estaría sumida en una “dictadura constitucional”, sin poderes autónomos efectivos y con una virtual destrucción de su aparato productivo.

Países designados como Libres (en verde) por Freedom House en su reporte de 2017: “Libertad en el Mundo”, que cubre el año 2016. Nótese que a Venezuela se le considera “No Libre”, al igual que Nicaragua, o Rusia. Obviamente tampoco Cuba, casi ningún país musulmán, la mayor parte de África, China y el sureste asiático.

Este repaso histórico lo ofrezco porque recuerdo que hubo certezas cuasi religiosas (como aquellas que pronosticaron erróneamente el fin del mundo) de una causalidad histórica específica, de un orden democrático y de libre mercado que regiría el mundo.

Enfrentar la incertidumbre de principio

¿Y entonces? ¿Qué podemos aprender de esto? Algo obvio viene a la mente, la misma convicción que ha asaltado a filósofos, físicos y literatos: que el mundo y la realidad son esencialmente impredecibles e inciertos. No importa cuántos indicios tengamos hoy, hay infinidad de factores que afectarán desenlaces de mañana que no conocemos.

Por otro lado, no debería apelar al cliché de que “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, pero ¿saben qué?, en efecto, uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. En los años 80 frente a la propuesta más audaz en materia política (descentralización), económica (liberación y sinceración) y social (menos poder para el establishment político) el “pueblo” venezolano prefirió apostar por el populismo que siempre ha funcionado en Latinoamérica, que abrió la puerta a intentos de golpe y finalmente a un régimen que no solo ha pulverizado la economía, sino hipotecado el futuro de varias generaciones y abolido la democracia.

Venezuela es un buen ejemplo de lo difícil que es construir y lo fácil que resulta destruir. ¿Cuántas décadas de esfuerzo tomó levantar una industria petrolera de clase mundial? Por lo menos tres. Reducirla a una empresa de tercer mundo no tomó más de unos pocos años. La destrucción del aparato productivo es sencilla, se decreta. Basta quitarle la propiedad a los involucrados, a los interesados y asignar a personas no interesadas o no aptas, excepto en “disponer” de los fondos. En poco tiempo tenemos fábricas abandonadas, silos vacíos, tierras improductivas.

A pesar del poder caótico, nuestra responsabilidad es luchar contra esas fuerzas entrópicas y revertirlas, aunque sea temporalmente. Los habitantes de los países desarrollados también son falibles, egoístas y diletantes, pero tienen un comando en su ADN social que les impulsa a organizarse, a imponer una apreciación por el orden y la ley que sobrepasa las ventajas provisionales del desorden y la dejadez.

Si el mundo es caótico por naturaleza, imaginen si a eso agregamos una sociedad que adora al “dios Caos” de manera incondicional y monoteísta. Para el éxito personal y social el primer deber es luchar contra el caos y transformarlo en un orden que nos beneficie a todos. Comprender que el mundo es incierto y no-lineal, pero que tenemos la necesidad evolutiva de predecir y ajustar las acciones a esas proyecciones.

Y no confiarnos. La paz es un privilegio, no un derecho. La democracia (funcional) es un logro, no una dádiva ni una condición natural. Dar por sentados estos bienes es descuidarnos y dejar que las fuerzas del totalitarismo o del terrorismo actúen frente a ciudadanos demasiado ocupados o distraídos en disfrutar sus bondades.

Así, quizá, reivindicaremos toda la lucha de quienes lograron derribar el muro, de quienes empujaron la democracia en tantos países otrora regidos por dictadores, a quienes promovieron primaveras que vieron muy pronto el otoño y el invierno. Para quienes luchan día a día por la democracia en Venezuela, en Cuba, en China… en un mundo caótico pero maravilloso cuando consigue la libertad y el balance.

Que el “dios del Orden”, un dios bastante lejano y a veces ausente, nos ayude en estos propósitos.

 


Artículo publicado en Vértice News y en Runrunes.
Imagen de Pixabay.