“Bienvenido hijo mío,
Bienvenido a la Máquina”
Pink Floyd

La electricidad distribuida se inventó a finales del siglo XIX para iluminar las ciudades. No obstante, muchos innovadores encontraron otros usos: motores, radios, electrodomésticos… desatando un cambio tecnológico nunca visto en la historia humana.

Ese cambio llevó en el siglo XX a la electrónica (la electricidad en circuitos) y de allí a la computación y las telecomunicaciones, cuyo matrimonio abre las puertas para una revolución de igual magnitud, que se habrá multiplicado cinco veces en esta década.

Paradójicamente, luego de conectar a personas con información y a personas con personas, la tecnología de información vuelve a otro tipo de “conversación”, sin la espontaneidad de los social media, un intercambio robótico.

Indagando sobre estos cambios tan telúricos, conversé con Oscar Anzola, un empresario y tecnólogo: “Una de las áreas más interesantes es machine to machine (M2M), donde todo dispositivo está conectado a otro a través de internet”. Basta que el aparato (un sensor, un motor, un circuito) tenga una SIM-Card (una tarjeta que permite a las máquinas identificarse y “dialogar”), para manejar cientos de tareas que nos atañen.

Un concepto básico: la conectividad. Todo depende de la capacidad de conectarse más que de uno u otro servicio de conexión a Internet. Y la conectividad global aumenta sin cesar. El articulista Mat Honan reflexiona en Wired (“The end of Unplugging”) que “antes que pase mucho tiempo, el planeta entero estará cubierto de señales, y no encontraremos lugar que esté fuera de la red”. Esa convicción está… en el aire.

En un informe del grupo Carbon War Room y AT&T de febrero de 2013, se estima que la tecnología de M2M mantendrá un crecimiento de 23% anual hasta al menos el 2020. En ese periodo de siete años ese negocio habrá pasado de unos 200 millardos de dólares a casi un trillón (1 con 9 ceros) para finales de esta década.

Según reporte de Cisco Systems, para 2020 habrán 50,000 millones de objetos (no personas) conectados. Es el llamado “Internet de las cosas”: millones de transacciones por segundo que no involucran humanos, al menos, realizando el intercambio de datos directamente. Sólo máquinas silenciosas, que mueven millones de terabytes.

Las analogías con Tyrell Corp de Blade Runner, Skynet de Terminator o con The Matrix saltan de inmediato, pero tranquilos que todavía falta para que la ciencia-ficción nos alcance en ese sentido.

Cambios, retos, aplicaciones, oportunidades

Para Oscar Anzola los desarrollos M2M impactan incluso los liderazgos tradicionales de la industria. “Es increíble el poder que han logrado empresas como Apple y Google, tomando control de áreas que eran exclusivo dominio de los operadores móviles.”

“La industria móvil alcanzó +100% de penetración, es un terreno saturado. El poder de cómputo que hay en el mundo sobrepasa las aplicaciones. Hoy en día hay tecnologías para aplicaciones que no existen todavía”, afirma Anzola. Quizá por esto el crecimiento no estará adentro sino más bien en la periferia, gravitando alrededor de las grandes tuberías de datos. “El mayor obstáculo no es tecnológico sino de precios”. El ecosistema está allí pero cada aplicación, por así decirlo, debe construir su propio mercado.

¿Ejemplos? Los llamados “carros 4G” que distribuyen internamente la conexión externa por WiFi interno. Ford, Audi, Mercedes y Toyota han dado los primeros pasos más allá del prototipo. Las “casas inteligentes” (la llamada domótica), una promesa que tiene al menos 15 años, (y si recordamos a The Jetsons de Hanna Barbera, mucho más) está más cerca.

Hay aparatos en casa que se pueden controlar desde el móvil. En Home Depot, por ejemplo, hay termostatos WiFi manejados desde apps en iOx y en Android, sobre los $100. El dispositivo está conectado 24×7 a la red y tiene una dirección propia, de forma que en segundos recibe y procesa nuestras instrucciones: subir o bajar temperatura, apagarse, etc. Aunque el usuario elige los parámetros, una vez programado es ejecutado en segundo plano… por las máquinas.

Otro terreno interesante según Anzola es NFC (Near Field Communication), que entre una tarjeta y un lector permite intercambiar datos muy sensibles y confidenciales, quizá los más: pagos o traslado de dinero electrónico. A las obvias transacciones con débito o crédito, tipo “swiping”, se añaden usos mucho más espectaculares en supermercados, por ejemplo, al poder pagar toda la compra de una vez, al pasar el carrito por un gran lector. No hacer fila y que no haya necesidad de registrar los productos secuencialmente… no tiene precio (bueno, es un decir).

Los agotaría, sin duda, con ejemplos que ya existen o que vienen en los próximos años.

¿Y el humano frente a las máquinas? El M2M, el “Internet de las Cosas”, implica un cambio en el trabajo humano. Menos a favor de los no capacitados, de los no inmersos en la sociedad de información (como siempre). Pero en esencia implica retos para todos. “Lo que está ocurriendo es que en períodos de alrededor de cinco años se están redefiniendo industrias completas”, recuerda Anzola.

No hay terreno que no toque el cambio: la vida doméstica, el trabajo, los negocios. “Supongo que el profesional debe detectar qué tecnologías existen hoy para solucionar un problema o lograr un objetivo concreto de mercado mañana”, recomienda Anzola, “debe observar qué empresas u organizaciones llevan el liderazgo y trabajar alrededor de éstas”. Haciendo un paralelo con la irrupción de la electricidad hace unos 150 años “triunfaron quienes encontraron aplicaciones exitosas sobre la electricidad, no quienes intentaron una alternativa a la electricidad”.

Primero visión: capacidad para detectar qué caminos está tomado la tecnología, la cibersociedad, el mercado… Luego “innovación, innovación, innovación”, repite Anzola, como un mantra. “Innovar sobre tecnologías ya existentes, como los sistemas operativos móviles tipo iOS o Android. Hay que aceptar esos liderazgos, que obviamente cambian” pero que fijan un marco de trabajo claro. Y alrededor de las tecnologías y productos, el emprendedor hallará innumerables servicios que puede desarrollar para montarse en la ola.

Es la forma, humanamente posible, de aprovechar esta revolución de las máquinas. Y nada que ver con The Matrix (espero).

-Fernando Nunez-Noda


Publicado en Huffington Post, el 04/11/2013.
Imagen: Composición del autor sobre fragmento del famoso fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, Roma.

Comentarios

------------------