El domingo 14 de diciembre (de 2014) vi el capítulo final de “Newsroom“, la serie de HBO protagonizada por Jeff Daniels y escrita por Aaron Sorkin (de “The West Wing”). Hay un casting interesante: Sam Waterston, Jane Fonda y una serie de actores que no conocía, a excepción de Dev Patel (de “Slumdog Millionaire”). Transcurre en la sala de noticias de ACN, una importante (y ficticia) News Network en New York. La tercera o cuarta del país. Lo más parecido sería MSBC pero sin el exceso liberal de ese canal.

La serie gira alrededor del segmento estrella: la noche con Will McAvoy (Daniels), uno de los anchors más respetados de los EE.UU. Daniels se crece sin excesos en este rol, con una clase a veces un poco condescendiente, pero al final impecable. Recordemos que el año pasado Daniels ganó el Emmy como mejor actor, ante un público anonadado que esperaba el premio para Bryan Cranston de “Breaking Bad”.

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Todo un equipo (de investigadores, productores ejecutivos, senior, junior, editores y periodistas de planta, analistas, “über-webmaster-community-managers”, otras anclas) trabaja en función del segmento de McAvoy. El ritmo es frenético, como ha de ser un newsroom. Hay que armar una historia, un recuento, un discurso sobre algo que acaba de ocurrir o está ocurriendo en -digamos- 10 minutos, con la dosis precisa de datos verificados y menciones sobre lo que no sabemos, con apoyo audiovisual y probablemente contacto con reportero o con comentaristas. A quien lo agobie el estrés que no trabaje en un lugar como éste.

Luego de una primera temporada prometedora y una segunda, a mi juicio confusa y débil, la tercera y última se creció. Todo entre 2012 y 2014, eventos reales como las protestas en Egipto o el movimiento ‪#‎OcuppyWallStreet‬, el bombardeo en Boston. Lástima que esa dinámica se entremezcla con la vida romántica de algunos miembros del equipo, incluyendo Will con su ex novia y actual Productora Ejecutiva. En el equipo hay un vaivén de romances, encuentros y desencuentros que me fastidiaron en general y que le quitaron mucho a la segunda temporada.

La serie no ha sido inmune a misiles de la crítica y el público. Menciono una con la que coincido. Sorkin juega con ventaja: los acontecimientos son reales, en vivo, pero para los escritores ya pasaron, de modo que pueden acomodar las subtramas, digamos, para que la historia les dé la razón. Pero, por otro lado, veo un intento exitoso de Sorkin en no imponer una agenda política demócrata en la serie, sino repartir palos bipartidistas de una manera más o menos equitativa.

II. No obstante, lo que más me interesó en general de “Newsroom” fue la confrontación entre el periodismo -digamos- de siempre y nuevas formas que lo han invadido para bien o para mal. Lo que llaman “old media” vs “new media“. La línea que el jefe Charlie Skinner (Waterston) ha impuesto es la del periodismo serio, sin sensacionalismos, con noticias verificadas por al menos dos fuentes, equilibrado y neutral (a pesar de la tendencia liberal del medio). Por eso ACN es la empresa menos rentable del grupo cuya propietaria es el personaje de Jane Fonda. Al final, no les importa no ganar mucho dinero siempre que mantengan un alto estándar, sobre todo en alejarse de la prensa amarillista y sensacionalista.

Sin embargo, hay momentos de crisis en los que Skinner y McAvoy sienten que han caído en una especie de complacencia, en una falta de agresividad e innovación que es la muerte de un espacio como éste. Un relanzamiento es lo que se impone pero, ¿cómo?

Sorkin enfila sus baterías hacia Internet, donde muchos confunden infociudadanía con “periodismo ciudadano”, una entelequia que existe para algunos blogueros que publican la foto de una protesta y creen estar haciendo periodismo. Sorkin la emprende contra la desinformación que pulula en la red, contra la ligereza y la trivialidad. Al final, es “old school“.

En “Newsroom” hay muchos conflictos y discusiones sobre hasta dónde el periodismo profesional puede aprovechar el contenido generado por usuarios sin atentar contra la precisión, la verificación, el contraste de voceros, etc. Por ejemplo, hay una crítica velada a los portales noticiosos que viven por y para el tráfico web, es decir, los “pageviews” en vez de la creación de audiencia usando las venerables y sustanciosas investigaciones periodísticas.

También se critica la excesiva agregación de contenidos de terceros, en vez de la creación propia. Este choque, o transición como prefiero entenderla, llega a su apoteosis en la última temporada, cuando la cadena es comprada hostilmente por un joven multimillonario: Lucas Pruit (B.J. Novak), con ideas radicalmente opuestas: infociudadanía directo al portal, agregaciones de agregaciones, un app de geolocalización de celebridades, es decir (me parece entender a Sorkin) un querer llegar a la vanguardia sin pasar por lo clásico. Y eso en periodismo significa saltarse la precisión, la ciencia forense (que no es tan rápida) y la resistencia al rumor, al tabloide (en el sentido de prensa ligera) y al National Enquirer.

En fin, según derivo, la transición entre “old media” y “news media” es temporal, un choque generacional y tecnológico, un reacomodo. A juzgar por el final de la serie, en el que Pruit capitula en su afán de transformar ACN en un pasquín amarillista 2.0, parece que el futuro de los mejores medios tendrá el dinamismo, la vertiginosidad de la tecnología, junto a lo mejor del periodismo de siempre.

-Fernando Nunez-Noda


Foto destacada: Cortesía de HBO / Resultados de Búsqueda en Google Images.
Publicado en Huffington Post, el 23/12/2014.

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