El periodista venezolano ha tenido que pasar de ejercer la libertad de expresión a defenderla para que no se extinga en su país.

Opinión Editorial de Fernando Nunez-Noda, publicada en Neorika.

“El periodismo es libre o es una farsa.”
-Rodolfo Walsh

Hoy es el Día del Periodista en Venezuela. Si usted hace una búsqueda en Google Images con la palabra “periodistas” o “journalists”, probablemente aparecerán cámaras y micrófonos, profesionales en una faena intensa pero normal, una profesión u oficio como cualquier otro.

Pero si usted busca “periodistas venezolanos”, como hice yo para capturar la pantalla que inicia esta página, probablemente verá marchas, huelgas de hambre, personas con mordazas o camarógrafos atacados físicamente por soldados, policías o brigadas de choque. Verá heridos, encarcelados, sometidos al escarnio público. ¿Sabe porqué? Porque en Venezuela el periodista es un enemigo del Estado o del gobierno o del partido de gobierno (que en Venezuela es lo mismo).

En mi país se abren procedimientos penales por informar, se intimida a los medios con turbas y ataques, se espía ilegalmente a los profesionales en sus comunicaciones diarias. Por otro lado, el régimen ha cerrado miles de emisoras de radio, canales de TV y ha comprado a través de testaferros medios independientes que ha transformado en dóciles voceros de su línea editorial.

Datos

Edison Lanza, relator especial de libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, decía en un informe de 2015 que:

“La CIDH ya ha identificado que en Venezuela no se registra un clima de tolerancia que favorezca la activa participación e intercambio de ideas, y que los actos de violencia contra periodistas y medios configuran un escenario restrictivo que continúa inhibiendo el libre ejercicio de la libertad de expresión”.

Según Transparencia Internacional, Venezuela (de entre 168 países) es el noveno menos transparente del mundo.

Según Reporteros Sin Frontera, en su Informe de 2016, de 180 países Venezuela ocupa el puesto 139 en Libertad de Expresión, bajando casi 5 puestos del ranking del año pasado.

Según Espacio Público, desde 2014 en Venezuela hay un caso de censura al menos cada 4 días.

Blackout

En 2014 denuncié en Huffington Post el inicio de un sistemático “blackout informativo”:

Un “blackout” o “apagón informativo” ocurre cuando un Estado bloquea o intimida a los medios independientes a no difundir noticias o transmisiones en vivo que considera incómodas o inadecuadas. En otras palabras: restringe la libertad de expresión a tal punto que solo lo oficial fluye por los canales y marcas certificadas en el país.

(…) The Guardian lo reseña así:

“Otras imágenes y videos mostraron hombres armados en motos [pertenecientes al colectivo chavista Tupamaros] derribando puertas y disparando a automóviles estacionados. Los informes circularon a través de las redes sociales y los canales extranjeros como CNN Español, pero no se mostraron en los canales de televisión venezolanos, por lo que muchos lo consideren un autoimpuesto blackout de los medios por temor a represalias del gobierno.”

NTN24, el canal de noticias colombiano que se ha convertido en la principal referencia independiente de lo que ocurre en Venezuela, fue sacado de las cableras por orden del régimen antes que pudiera reportar lo que ocurría en las calles. “Razones de Estado”, adujeron; un manejo discrecional y extrajudicial de la comunicación social.

El Colegio Nacional de Periodistas declaró:

“Vemos con gran preocupación cómo se pretende sumir a Venezuela en un blackout informativo amedrentando a los medios de comunicación locales y censurando a los internacionales que informan sobre los hechos que afectan a la ciudadanía.”

Un reportaje de CNN tuvo por título: “Venezuelan Government blocking coverage of unrest”, es decir, “El gobierno venezolano bloquea la cobertura de los disturbios”.

Por Eso

El periodista venezolano en suelo patrio, que ejerce su labor contra viento y marea, merece nuestro reconocimiento y homenaje. De una profesión tranquila, con el stress natural de la búsquda de la noticia y la presión del cierre de ediciones, ha pasado a ser una profesión de alto riesgo, en la cual se expone la integridad física, la libertad e incluso la vida.

Por eso, para preservar la dignidad del periodismo y la libertad de expresión del país, los comunicadores sociales de mi país han tenido que hacerse activistas, ya no para trabajar en libertad sino por la libertad; no solo para tener una voz sino para que esa voz no sea silenciada; en fin, han tenido que asumir un rol que no se enseña en la Universidad, sino que se aprende en el ejercicio diario y que viene de un gen democrático que el autoritarismo y el afán por un pensamiento único no han podido reprogramar.

A esos que ya no solo salen a la calle a buscar la noticia, sino a cuidar su propia vida; a quienes no solo buscan hacer un buen trabajo  sino a combatir todo un aparato que los quiere silenciar y poner a un lado… A los que preservan el derecho a la información y opinión libres, aún a costa de su integridad y su vida…

A esos, vaya nuestra solidaridad, admiración y agradecimiento sin límites.


 

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